Cultivar hortalizas en un clima lluvioso (lo que prospera y lo que se pudre)
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Durante casi toda mi vida cultivé en un sitio donde la lluvia era un rumor.
En Málaga rezábamos para que lloviera. Mirábamos el cielo, leíamos el pronóstico como si fuera la Biblia y celebrábamos cada mañana gris como una fiesta. Nuestro huerto era una negociación constante con la sequía: goteros, acolchado bien gordo contra el calor, plantas elegidas porque aguantaban semanas sin una gota. Cuando por fin llovía, nos quedábamos en la ventana mirándolo como quien ve la tele, y las niñas salían en bañador a bailar bajo el agua.
Luego nos mudamos al norte.
Y ahora estoy aprendiendo que lo bueno, si es mucho, también cansa. Aquí la lluvia no es que caiga, es que vive contigo. Llega de noche y se queda a desayunar. Entra como una niebla fina que ni siquiera parece caer, solo flota en el aire y te cala hasta los huesos. Algunas semanas llueve, suave e incansable, todos y cada uno de los días. Los prados son de un verde intenso, luminoso, casi irreal. Las botas de agua se han convertido en parte de mi cuerpo. Y mi huerto, mi huerto recién estrenado, se ha convertido en algo bastante parecido a una charca.
Así que esta entrada es un poco distinta. No escribo como experta en huertos de clima lluvioso, porque no lo soy, todavía no. Escribo como alguien que está en pleno aprendizaje, compartiendo lo que me han contado vecinos que llevan décadas cultivando esta tierra, lo que he leído en libros y lo que he aprendido de mis propios errores empapados. Si cultivas en un sitio lluvioso, sea el norte de España, las Islas Británicas o cualquier lugar donde al cielo le guste llorar, espero que te sirva.
Entender tu tierra mojada
Lo primero que aprendí es que la lluvia en sí no suele ser el problema. El problema es lo que la lluvia le hace a tu tierra, y lo bien o mal que esa tierra deja marchar el agua.
Una tierra encharcada es aquella en la que todos los huequitos de aire se han llenado de agua. Las raíces necesitan aire tanto como agua, así que cuando la tierra se queda saturada mucho tiempo, las raíces literalmente se asfixian. Se pudren, la planta no puede absorber nutrientes y todo se pone amarillo, mustio y triste.
La tierra arcillosa y pesada lo empeora, porque la arcilla está hecha de partículas finísimas muy apretadas. Retiene el agua durante siglos, se convierte en un barro pegajoso que te chupa las botas cuando está mojada y se pone como el cemento cuando por fin se seca. ¿A que no adivinas qué tierra tenemos?
Una prueba de drenaje sencilla
Haz un agujero de unos 30 cm de profundidad, llénalo de agua y deja que se vacíe. Luego vuelve a llenarlo y mide cuánto tarda en vaciarse. Si drena en unas horas, vas bien. Si al día siguiente sigue habiendo agua, tienes un problema de drenaje y te conviene cultivar en bancales elevados o en caballones en vez de directamente en el suelo. (El nuestro tardó dos días. Lo miraba cada mañana al volver de llevar a la mayor al cole, como quien mira un test de embarazo.)
Cómo ayudar al huerto a sobrellevar tanta lluvia
Levántalo todo
Fue el primer consejo de todos y cada uno de los vecinos a los que pregunté, casi siempre acompañado de una mirada amable pero un poco divertida a la forastera del sur. Los bancales elevados, aunque sea solo 15 o 20 cm por encima del terreno, dejan que el agua sobrante se aleje de las raíces. Además se calientan antes en primavera.
No hacen falta cajones de madera elegantes (aunque si quieres algo ordenado y que dure, los bancales elevados galvanizados se montan en un momento). Los bancales en montículo o los caballones funcionan de maravilla, y es lo que los labradores de por aquí han hecho siempre. Los bancales sin cavar construidos a base de compost cumplen la misma función, que es una de las razones por las que me gustan tanto. Explico cómo montarlos en cómo empezar un huerto en tierra virgen.
No pises nunca la tierra mojada
Pisar la tierra mojada la aplasta, le saca todo el aire y empeora aún más el drenaje. Haz caminos fijos entre los bancales y no te salgas de ellos, aunque tengas la tentación de cruzar por el medio. Si los bancales son lo bastante estrechos como para llegar al centro desde los dos lados (unos 1,2 metros), no tendrás que pisarlos nunca.
Alimenta la tierra con materia orgánica
Lo mejor que puedes hacer por una tierra pesada y húmeda es añadir materia orgánica, año tras año. El compost, el estiércol bien hecho y el mantillo de hojas ayudan a abrir la arcilla, le dan al agua por dónde ir y alimentan a las lombrices, cuyas galerías funcionan como tuberías de drenaje diminutas. La arcilla no se «arregla» de un día para otro, pero cada año mejora un poco.
Mantén la tierra cubierta
La lluvia fuerte sobre la tierra desnuda la golpea, se lleva los nutrientes y forma una costra dura en la superficie. Mantén la tierra cubierta con plantas, acolchado o un abono verde durante el invierno. En un clima lluvioso, yo elegiría un acolchado fino de compost u hojas antes que una capa gruesa de paja, que puede retener demasiada humedad y darles a las babosas un escondite muy acogedor.
Dales espacio y aire a las plantas
Aire húmedo y plantas apretadas son la receta perfecta para el moho y los hongos. Deja un poco más de distancia entre plantas de la que dice el sobre de semillas, quita las hojas de abajo y asegúrate de que el aire circula por el huerto.
Hortalizas a las que les encanta el clima lluvioso
La buena noticia es que hay muchísimas hortalizas que adoran el tiempo fresco y húmedo. Un clima lluvioso no es un castigo, son solo otras reglas.
- Col rizada, repollo y demás coles. Les encanta el fresco y la humedad, y se vuelven más dulces después de una helada. La col rizada de aquí crece como si quisiera ganar un concurso.
- Puerros. Más duros que una suela de zapato y felices de pasar meses de lluvia invernal en la tierra.
- Acelgas y espinacas. Fáciles, generosas y nada molestas con la llovizna.
- Hojas de ensalada. Lechuga, rúcula y otras hojas crecen rápidas y tiernas con tiempo suave y húmedo. (Eso sí, protégelas de las babosas. Más sobre eso abajo.)
- Guisantes. Les encanta el fresco y trepan tan contentos por la valla bajo la lluvia.
- Patatas. Un clásico de los climas húmedos, siempre que las plantes en caballones para que los tubérculos no estén en agua.
- Ruibarbo. Le encanta la humedad y es prácticamente indestructible una vez asentado.
- Apio y apionabo. Crecen de forma natural en sitios húmedos y de hecho necesitan mucha agua.
- Frutos rojos. Frambuesas, moras y arándanos suelen ir bien en climas más húmedos.
Hortalizas a las que les cuesta (o se pudren)
Y luego están las que se enfurruñan. Algunas eran mis favoritas de Málaga, y todavía les estoy guardando un poco de luto.
- Tomates. Pueden crecer de maravilla en un clima lluvioso, pero son muy propensos al mildiu, un hongo que adora el tiempo templado, húmedo y lluvioso y que puede ennegrecer toda la cosecha en días. Cultívalos bajo cubierta si puedes, elige variedades resistentes y no mojes las hojas.
- Pimientos y berenjenas. Quieren calor y sol, y en un verano fresco y húmedo muchas veces se niegan a madurar. Un invernadero pequeño o un túnel ayudan muchísimo.
- Melones y calabazas. Las calabazas pueden ir bien en un sitio soleado, pero el fruto apoyado en tierra mojada tiende a pudrirse. Ponles una teja o un poco de paja debajo.
- Ajos y cebollas en tierra encharcada. Crecen perfectamente en sitios lluviosos, pero se pudren si los bulbos pasan el invierno en agua estancada. Plántalos en bancales elevados o en caballones. Lo cuento en cómo plantar ajos.
- Habas sembradas en otoño (por lo menos en nuestra tierra). Todas las listas dicen que se siembran en otoño. En nuestra tierra pesada y húmeda, se pudren. Así que las sembraremos en primavera.
- Hierbas mediterráneas. Al romero, el tomillo, la salvia y la lavanda les horrorizan las raíces mojadas. Cultívalas en macetas o en sitios elevados y muy bien drenados, con mucha grava mezclada.
Las babosas, las verdaderas dueñas del huerto lluvioso
Tengo que hablar de las babosas. Si cultivas en un clima lluvioso, ya lo sabes. En Málaga apenas vi una babosa en diez años. Aquí son un ejército nocturno, enormes, relucientes y sin ninguna vergüenza. He perdido filas enteras de lechugas en una sola noche.
Esto es lo que me está ayudando:
- Rondas nocturnas con una linterna y un cubo. Asqueroso, pero eficaz. La mayor cree que es el mejor momento del día y les ha puesto nombre a varias.
- Patos o gallinas. A los patos sobre todo les encantan las babosas. Nuestras gallinas también ayudan, siempre que no las sueltes entre los plantones.
- Protege las plantas jóvenes. Empieza los plantones en semilleros hasta que sean más grandes y fuertes antes de trasplantarlos.
- Quítales los escondites. De día las babosas se esconden debajo de tablas, macetas y acolchados gruesos, así que revisa esos sitios o úsalos como trampa. Las trampas de cerveza enterradas en la tierra también funcionan bien.
- Atrae a quien se las come. Ranas, sapos, erizos, escarabajos y pájaros adoran una cena de babosas. Una charca pequeña o un rincón salvaje los atrae.
Aprender a querer la lluvia
La otra mañana había vuelto a llover toda la noche, y salí con el café a ver el huerto convencida de que me esperaba otro desastre. En cambio, me encontré la col rizada brillando, cada hoja cubierta de gotas como canicas de cristal diminutas. Los puerros estaban bien erguidos. Los guisantes habían crecido dos centímetros durante la noche y estiraban los brazos hacia la valla. Todo estaba tan verde que casi dolía mirarlo.
Y me di cuenta de que había estado mirando la lluvia al revés. Me había pasado toda mi vida de hortelana peleándome con el sol y suplicándole agua al cielo. Ahora tengo más agua de la que sé qué hacer con ella, y el huerto me está enseñando en silencio lo que es capaz de cultivar cuando no tiene sed.
No digo que no eche de menos el sol. Hay días que lo echo tanto de menos que duele, ese azul andaluz caliente, brillante, infinito. Pero estoy aprendiendo a querer la lluvia, despacito, una mañana verde, empapada y llena de barro detrás de otra.
Y me he comprado unas botas de agua mucho más grandes.
Con cariño (desde debajo de un paraguas enorme),
Milly x
P.D. ¿Tú cultivas en un sitio lluvioso? Comparte tus mejores trucos en los comentarios, sobre todo contra las babosas. Necesito toda la ayuda posible.
