¿Es demasiado tarde para empezar un huerto en octubre? Qué plantar en otoño
Este artículo contiene enlaces de afiliado. Si compras a través de ellos, puedo recibir una pequeña comisión sin coste adicional para ti. Como afiliada de Amazon, obtengo ingresos por las compras adscritas que cumplen los requisitos aplicables.
Cada octubre, sin falta, la misma vocecita empieza a hablar en algún rincón de mi cabeza, casi siempre mientras estoy en la ventana de la cocina con un café que se enfría en la mano, mirando cómo la luz entra baja y dorada sobre los prados. Me dice, muy razonable: bueno, pues ya está. Se acabó la temporada. Llegas tarde. Ya lo intentarás en primavera.
Y cada octubre he aprendido a sonreírle a esa voz, terminarme el café, ponerme las botas de agua y salir a plantar cosas de todos modos.
Porque este es el secreto que nadie te cuenta cuando empiezas a cultivar tu propia comida: el otoño no es el final del año en el huerto. En muchos sentidos, es el principio. Es cuando la tierra todavía guarda el calor del verano pero el aire por fin se ha suavizado, cuando vuelve la lluvia para hacerte la mitad del riego, y cuando las plantas a las que de verdad les gusta el fresco, los guisantes dulces, las coles crujientes y los ajos que pasarán todo el invierno tranquilos bajo tierra, solo están esperando a que alguien las arrope.
Este año, ese alguien soy yo, con una ayudante de dos años y una bebé supervisando desde la mochila portabebés, en un huerto nuevo de una granja nueva que, hasta hace unas semanas, era sobre todo hierba, zarzas y muy buenas intenciones.
Así que si estás leyendo esto en octubre y te preguntas si es demasiado tarde para empezar un huerto, déjame contestarte como lo haría una amiga apoyada en la valla: no, no lo es. Acerca una silla. Te enseño lo que estamos plantando.
Por qué el otoño es, en secreto, el mejor momento para empezar
Cuando nos mudamos al norte a finales de agosto, estaba convencida de que había perdido un año entero de cultivo. Habíamos dejado atrás nuestro huertito de Málaga, todos esos años mejorando la tierra, y llegamos a un trozo de terreno junto a la casa que nadie había cultivado en quién sabe cuánto tiempo. Todo en mí quería esperar a la primavera, a estar «preparada», a tener las cajas deshechas, a que la vida se calmara.
(La vida, para que conste, no se ha calmado. No estoy segura de que tenga intención de hacerlo.)
Pero cuanto más tiempo pasaba mirando ese trozo de tierra, más claro veía que esperar haría la primavera más difícil. Empezar un huerto en otoño te da ventaja de muchas maneras silenciosas.
- La tierra todavía está templada. Las semillas y las plantas jóvenes echan raíces rápido en tierra templada, así que se asientan antes de que llegue el frío de verdad.
- Vuelve la lluvia. Después de un verano largo y seco, la lluvia de otoño significa regar muchísimo menos. Aquí, en el norte verde y empapado, significa casi no regar nada.
- Menos plagas. La mayoría de los bichos que te amargaron el huerto de verano se están retirando hasta el año que viene.
- Conoces tu terreno. Observar una parcela durante el invierno te enseña dónde se encharca el agua, dónde se queda la helada y hasta dónde llega el sol cuando está bajo. Es información que vale oro antes de planear los bancales de primavera.
- Tu yo de primavera te lo agradecerá. Los ajos, las cebollas y los guisantes de invierno que plantes ahora serán lo primero que coseches el año que viene, meses antes que cualquier cosa sembrada en primavera.
Lo primero, averigua tu fecha de heladas
Lo más útil que puedes hacer antes de plantar nada en otoño es buscar la fecha media de las primeras heladas en tu zona. Es el dato que convierte el «¿llego tarde?» de una preocupación difusa en una simple cuenta.
En España puedes consultar los datos climatológicos de AEMET para la estación más cercana, o preguntar en la cooperativa, en el vivero del pueblo o a cualquier vecino que lleve años con huerto, que suelen saberlo de memoria. Luego mira en el sobre de semillas los «días hasta la cosecha» y cuenta hacia atrás. Si una lechuga necesita 45 días y te quedan 60 hasta la primera helada, perfecto. Si solo te quedan 20, toca pensar en cultivos a los que no les importe el frío, o en un poco de protección, como una manta térmica o una cajonera fría hecha con una ventana vieja.
Y si, como yo, vives en un sitio de inviernos suaves y húmedos donde las heladas fuertes son raras, tienes todavía más margen del que crees.
Qué plantar en otoño (lo que va a nuestro huerto este año)
Nuestro huerto nuevo está justo al lado de la casa, más o menos de 6 por 14 metros, con una valla a un lado y una fila de frutales viejos al otro. No es enorme, pero da de sobra para alimentar a una familia de cinco durante el invierno si me organizo bien. Este es el plan, y por qué cada cultivo se ha ganado su sitio.
Ajos
Si este otoño solo plantas una cosa, que sean ajos. Entierras un diente, te olvidas, y el verano que viene vuelves y encuentras una cabeza gorda envuelta en papel. Es casi magia, y es el éxito más fácil para quien empieza. El ajo de hecho necesita pasar frío para formar bien la cabeza, por eso la plantación de otoño funciona tan bien. Le he dedicado una entrada entera a cómo plantar ajos (hacia qué lado, a qué profundidad y a qué distancia), porque se lo merece.
Cebollas y puerros
Los bulbillos de cebolla de otoño, esas cebollitas que se compran por bolsas, se plantan igual que el ajo y te dan una cosecha temprana el verano siguiente. Los puerros son mis héroes de invierno. Aguantan en la tierra con viento, lluvia y helada, y solo tienes que arrancar uno cuando lo necesites para la sopa. Hay algo profundamente reconfortante en saber que la cena está ahí fuera, en el barro, esperando con paciencia.
Guisantes
Los guisantes van a lo largo de toda la valla, para que tengan por dónde trepar. Hay variedades pensadas para pasar el invierno y, si tus inviernos no son muy duros, aguantan como plantitas durante los meses fríos y luego se disparan al principio de la primavera. Mi hija de dos años ya está convencida de que las plantas de guisantes son suyas, y no pienso discutírselo. Si quiere comerse todas las vainas directamente de la mata la primavera que viene, adelante.
Coles, brócoli y coliflor
A la familia de las coles le encanta el fresco. De hecho, un toque de helada hace que las coles y la col rizada sepan más dulces, porque la planta convierte parte de su almidón en azúcar para protegerse. A estas alturas del otoño suele ser mejor plantar plantel en vez de semillas, para que vayan adelantadas antes de que los días se acorten de verdad. Voy a poner un poco de las tres, con malla antipájaros por encima, porque está claro que las palomas de por aquí han leído los mismos libros de huerto que yo.
Zanahorias
Las zanahorias de otoño son un poco una apuesta según dónde vivas, pero si tu invierno es suave o te quedan uno o dos meses sin heladas, una variedad rápida sembrada ahora te puede dar zanahorias pequeñas y dulces a finales de invierno. El frío también las endulza. Voy a sembrar una fila cortita con las expectativas suavemente bajas, que, la verdad, es como me tomo casi todo últimamente.
Ensalada, ensalada y más ensalada
Lechuga, rúcula, mizuna, mostaza de hoja, canónigos y verdolaga de invierno son rápidas y agradecidas. Muchas se pueden recoger como brotes tiernos en tres o cuatro semanas y, si las cortas en lugar de arrancarlas, vuelven a crecer durante semanas. Yo siembro un poquito cada dos semanas para que nunca nos sobre ni nos falte. Un sobre de semillas de mezcla de ensaladas lo pone fácil, porque una sola siembra te da un cuenco entero de hojas distintas. Una maceta junto a la puerta de atrás funciona igual de bien que un bancal.
Acelgas y espinacas
La acelga es la planta que le recomendaría a cualquiera que piense que no sabe cultivar nada. Le da igual el frío, le da igual el abandono, viene en colores de joya que alegran hasta un diciembre gris y sigue dando hojas durante meses. Las espinacas también adoran el fresco y siguen creciendo tan contentas en inviernos suaves.
Lo que no voy a plantar (y por qué no pasa nada)
Quiero ser sincera, porque creo que a veces lo que se publica sobre huertos da la impresión de que todo funciona en todas partes si lo haces bien. No es así. Cada trozo de tierra tiene su propio carácter.
Las habas, por ejemplo, salen en todas las listas de siembra de otoño. Y en muchísimos sitios son una maravilla. Pero en nuestra tierra, las habas de otoño no funcionan. Se enfurruñan, se pudren, se rinden. Así que este año no voy a pelearme. Las sembraré en primavera y dejaré que el huerto me diga lo que quiere. Aprender a escuchar tu propio trocito de tierra, en lugar de una lista de internet (sí, incluida esta), es la mitad del arte de cultivar comida.
Cómo empezar un huerto de otoño desde cero (sin destrozarte la espalda)
Si ahora mismo estás mirando un trozo de césped o de malas hierbas, por favor, no cojas la pala para levantarlo entero. Yo lo he hecho, con calor, en Málaga, con una bebé en la cadera, y no te lo recomiendo.
Prueba mejor el método sin cavar, que es justo lo que estamos haciendo aquí. En resumen: tapas la hierba con cartón, echas compost por encima y plantas directamente en él. Sin cavar, sin voltear, sin dolor de espalda, y las lombrices hacen el trabajo duro por ti durante el invierno. Lo cuento con detalle en cómo empezar un huerto en tierra virgen, pero la versión corta es que el otoño es el momento perfecto para montar bancales sin cavar, porque en primavera el cartón se habrá deshecho y la tierra de debajo estará oscura, suelta y llena de vida.
¿Y si no tienes huerto? Hazte con unas cuantas macetas grandes o una jardinera y siembra ensalada, ajos o un par de acelgas. Un huerto de otoño pueden ser tres macetas en un balcón. También cuenta. Todo cuenta.
Algunos trucos de huerto de otoño que he aprendido por las malas
- Planta temprano. En otoño la luz desaparece rapidísimo. Más de una tarde me he visto plantando con la linterna del móvil por calcular mal la puesta de sol. No hagas como yo.
- Acolcha todo. Una capa de paja, hojas o compost alrededor de las plantas mantiene la tierra más templada, guarda la humedad y evita que la lluvia de invierno apelmace y arrastre la tierra.
- Acuérdate de las babosas. El tiempo fresco y húmedo es el paraíso de las babosas. Mira debajo de tablas y macetas por la tarde y protege los plantones hasta que estén un poco más fuertes.
- Guarda las hojas que caen. Amontónalas o mételas en sacos viejos de pienso con unos cuantos agujeros. En uno o dos años se convertirán en mantillo de hojas, el mejorador de suelo más bonito y esponjoso que vas a conseguir gratis.
- Llévate a los niños. Ponles unas botas de agua de su talla y dales una palita. Aplastarán algún plantón y se comerán al menos un puñado de tierra. También recordarán toda la vida el día que plantaron ajos contigo. Ese trato merece la pena siempre.
El huerto es una promesa
La otra tarde plantamos los primeros ajos. Caía una llovizna de esas finas que más que caer se quedan flotando en el aire, y mi hija de dos años se empeñó en ponerse las botas de agua de su hermana, tres tallas más grandes, que se le quedaban clavadas en el barro. Daba dos pasos, dejaba una bota atrás, se tambaleaba, se reía y volvía a por ella. Tardamos cuarenta y cinco minutos en plantar una fila cortita.
Fue perfecto.
Porque eso es lo que tiene plantar en otoño. No plantas para hoy. Plantas para una versión del año que viene que todavía no ves del todo, una mañana de junio en la que arrancarás una cabeza de ajo gorda y te acordarás de la llovizna, de las botas y de las risas. Un huerto de otoño es una promesa que le haces a tu yo del futuro, un pequeño acto de fe metido en la tierra fría.
Así que no, amiga, no llegas tarde. Llegas justo a tiempo.
Ve a plantar algo.
Con cariño (y las rodillas llenas de barro),
Milly x
P.D. ¿Qué vas a plantar este otoño? Cuéntamelo en los comentarios, sobre todo si tienes un cultivo de invierno favorito que debería probar. Y si quieres el año entero organizado mes a mes, mi Calendario Cultiva, Cosecha, Conserva gratuito es tuyo.
